¿Cómo son nuestros senadores nacionales?
¿Qué los distingue de los diputados?
Es conocido que la justificación de la Cámara Alta en nuestro sistema político se asienta, en parte, en su diferenciación de la Cámara Baja en términos de la formación y experiencia acumuladas por sus miembros. En tal sentido, corresponde a los aspirantes a miembro de la Cámara Alta una edad mayor respecto de quienes se postulan a ejercer un mandato en la Cámara de Diputados, estableciendo además nuestra constitución una renta mínima que el senador ha de disponer por su cuenta. Paralelamente, fuera del texto constitucional mas efusivamente en el ideario de los constitucionalistas de 1853, sonaba el arquetipo del senador de dilatada trayectoria política, versado en la dirección de los asuntos públicos, industrioso e insigne referente moral en su comunidad. Encumbrados senadores a lo largo de la historia, tales como Nicasio Oroño, Carlos Pellegrini, Joaquín V. González, Lisandro de la Torre, Raúl Alfonsín y Antonio Cafiero fueron, aún con sus excesos de vicio, sus fieles personificaciones. Sin embargo, éstas son apenas unas poquísimas
figuras reconocidas, y entre todas aquellas virtuosas y discretas que han quedado en las sombras, las cohibidas y las que consiguieron ser olvidadas con tal de no despertar mayores rencores, subsiste el interrogante acerca de la mentada capacidad y experiencia que habría de hacer sobresalir a los senadores por sobre los más jóvenes y legos diputados. Haciendo foco en la actualidad, se ha tomado al azar una muestra de 20 senadores[1] con mandato vigente, tomando como dimensiones las siguientes: Edad, Máximo nivel de estudios alcanzados, Cargos políticos previos (Ejecutivos, Legislativos y Otros relevantes), Años en funciones políticas, Actividad académica relevante, Actividad económica relevante; y por último, se ha tomado nota de algún otro aspecto de la persona que contribuyera a su formación. De allí se ha observado que:· Si bien alcanza con tener 30 años de edad para acceder a ser senador, el promedio de edad del grupo seleccionado es de 58,1 años, siendo ninguno menor de 49 años. Fuera del grupo seleccionado, los más jóvenes de toda la cámara son los senadores Martínez (TF) y Calcagno, quienes atraviesan la mitad de los cuarenta. Esto muestra, en principio, que en el criterio de selección de los candidatos predomina el patrón del senador madura, aunque bien es cierto que, por un lado, los políticos más jóvenes prefieren proyectarse a las intendencias y a los legislativos provinciales, y por el otro, que los partidos tienden a evitar las elecciones internas de candidatos, resultando en una mayor presencia de los aspirantes de mayor edad como candidatos a gobernador, senador nacional y los primeros puestos de las listas de diputados nacionales. Aún así, hubo treintañeros elegidos senadores, tal el caso reciente de Jorge Capitanich, quien asumió su banca a los 37 años.
· En cuanto al nivel de estudios alcanzado, 16 de los 20 casos en cuestión ha completado una carrera universitaria de grado (de los cuales 6 obtuvieron postgrados), mientras que uno completó una carrera terciaria, otro posee estudios universitarios incompletos, y dos cuentan al menos estudios secundarios completos. En este caso, se exhibe notablemente un mayor grado de profesionalización y de acceso a la educación universitaria que lo que se esperaría de los miembros de la Cámara de Diputados, muchos de los cuales provienen de ramas políticas sindicales o de movimientos sociales, por lo cual resulta evidente que no se hayan formado en la educación superior.
· La experiencia previa en cargos ejecutivos no resulta, al cabo, tan desarrollada y generalizada. Los casos de ex gobernadores y ex presidentes suman diez en toda la cámara, a los que se les suma unos pocos casos más de quienes alguna vez ejercieron de vicegobernador o intendente. La diferencia entre los primeros y los segundos radica fundamentalmente en la cantidad de años que ejercieron los cargos en cuestión, que han sido muchos más en el caso de los ex gobernadores en comparación con ex intendentes y vicegobernadores. Esto se debe, sin duda, a que las posibilidades de reelección de los mandatarios provinciales se encuentra limitada constitucionalmente, mientras que la posibilidad de los Intendentes de acceder a sucesivas reelecciones está absolutamente avalada por la ley. Asoma singularmente la correspondencia entre la poca cantidad de años al frente de los municipios y la poca significación demográfica de estos; circunstancia que puede ser explicada por el prominente atractivo político de las intendencias de las mayores urbes sobre los cargos legislativos, aún tratándose del Senado de la Nación.
· En relación a la experiencia previa en cargos legislativos, la mayoría de los senadores del grupo seleccionado han pasado al menos 2 años siendo concejales, diputados provinciales, senadores provinciales, diputados nacionales y/o senadores nacionales antes de asumir su actual mandato. Un senador líder de bancada, tal el caso de Pichetto, ha acumulado hasta 2007, año en que inicia su segundo período como senador nacional, catorce años en el Congreso nacional (6 como senador y 8 como diputado), cinco años como diputado provincial y dos como concejal. Tratándose del líder de la principal bancada del Senado y de un miembro del Consejo de la Magistratura a lo largo de siete años, sin hesitar se lo puede calificar como un legislador competentemente formado para desenvolverse en sus responsabilidades, cercano al paradigma de senador aludido. De características similares, los senadores Castillo, Marín, Menem, Nikisch, Reutemann, Rodríguez Saá, Romero, Saadi y Verani saben exhibir dilatado recorrido en sus carreras políticas y son incuestionablemente los estandartes de la experiencia y la sabiduría del político avezado en la cámara, pudiéndose agregar a esta lista los nombres de Del Valle Colombo de Acevedo, Giustiniani y Sanz. Inversamente, la cámara ha incorporado, asimismo, políticos sin trayectoria legislativa y ejecutiva previa, quienes en ciertos casos tampoco han accedido con anterioridad a cargo político alguno en la administración pública. Aquí concurren dos realidades: en primer lugar, quienes han aparecido como figuras en espacios políticos que han hecho una apuesta al perfil del candidato novato en el mundo de la política. Son individuos que se han destacado en su área profesional o por su centralidad en ámbitos académicos (Cabanchik), empresarios (Urquía, aunque también se ha desempeñado como intendente de una pequeña localidad del interior cordobés) y del tercer sector (Estenssoro), entre otros; y su aparición política procura mostrar distancia de los vicios del profesional político. Algunos de ellos han ocupados cargos políticos en la administración (ministerios, secretarías, direcciones de organismos dependientes o autárquicos del Estado), cual lo ha hecho Filmus. En segundo lugar, aparece un grupo peculiar de senadores que han abordado su carrera política ante la necesidad de adaptarse los partidos políticos a la ley de cupos femeninos. En algunas provincias, ante la carencia de figuras políticas femeninas reconocidas, se ha buscado saldar los requisitos exigidos en pos de la composición plural de las listas de candidaturas recurriendo a las esposas, hermanas y primas de los políticos varones dominantes, utilizando el apellido como carta de presentación (Liliana Fellner, Nancy Parrilli y Ada Maza e Hilda Duhalde, éstas con alguna experiencia antes de su actual mandato).
· El paso por cargos políticos en la administración pública ha implicado a la mitad de los senadores del grupo de 20 analizado, aproximándose quienes exhiben experiencia en funciones legislativas a quienes no la acreditan. De esta manera, no es posible argüir que la dedicación a funciones ejecutivas y legislativas ha necesariamente privado del ejercicio de cargos ministeriales, secretariales, directivos en organismos públicos y de asesoría; ni viceversa. Cuando a la inexperiencia en cargos electivos se agrega la alienación respecto a cualquier responsabilidad de relevancia en la administración pública, la comprensión y el dominio del sistema político-estatal se muestra indefectiblemente reducido, cercenándose la capacidad de acción e influencia del legislador.
· Menos de la mitad de los senadores se han ocupado en puestos relevantes en la academia, y menos aún se han desenvuelto en ocupaciones directivas. Inequívocamente, una carrera política de alto vuelo no compatibiliza con una carrera académica intensa y exitosa, a lo cual ha de deberse eventualmente que quienes han sido docentes universitarios y/o investigadores hayan descontinuado esta actividad.
· En EEUU abundan los senadores y representantes que son a la vez cabeza de grandes corporaciones; una realidad que en Argentina no se encuentra a tal punto difundida. Sólo seis senadores de la muestra de 20 en cuestión poseen un perfil empresarial o bien han hecho de una profesión liberal su fuente principal de recursos, aunque no ha de ignorarse que muchos de ellos se inician como emprendedores una vez que su presencia en la política les ha valido el acceso a personas, recursos y diversas facilidades para crear, asociarse a, y desarrollar empresas.
· Un matiz jugoso del perfil del político es la variedad de ocupaciones en las que ha sabido desempeñarse y las inquietudes cultural o socialmente importantes que ha tenido en su vida. En ello se percibe una propagada vocación en organizar y conducir asociaciones de la sociedad civil y grupos de reflexión política, en nada ajeno al interés del político. Más limitadamente, se aprecian publicaciones de libros y artículos académicos, ensayísticos o de opinión característicamente entre aquellos que son figuras de la academia; magistrados; consultores e integrantes de organismos de Naciones Unidas; y, distinguidamente, convencionales constituyentes en la última Asamblea Constituyente de 1994.
A lo largo de estas líneas se han expuesto sumariamente las características primordiales que hacen a la figura del senador en Argentina, y a pesar de la innegable limitación de lo que se ha escudriñado, al acometer cualquier cotejo con la figura del diputado se halla que las diferencias fondean más bien en términos de representatividad generacional o proveniencia de clase socio-económica; en desmedro de la diferenciación por experiencia política. Para acceder a un mandato de diputado nacional sólo basta con tener veinticinco años de edad, lo que convierte a esta cámara en receptora de los jóvenes ávidos de ascender en su carrera política. Por otro lado, dado el número mayor de integrantes en relación al Senado y la duración más corta de los mandatos, la composición de esta cámara ofrece mayores posibilidades de incluir tanto a los jóvenes como a personajes políticos recientemente iniciados, o bien, representantes de agentes políticos menores, sindicales, sociales y económicos asociados a las formaciones políticas. De estos provienen los numerosos diputados que no han abrevado en la educación superior.
No obstante, la mayor parte de los diputados son también profesionales y, en la medida en que se acercan a la edad promedio de los senadores, su experiencia en cargos políticos presenta cuantiosas similitudes en relación a la de estos últimos. Como es sabido, la disponibilidad de bancas en la cámara de diputados es 2.5 veces mayor en cantidad y 1.5 veces más en el tiempo, a lo que se adhiere una renovación más fluida de las bancas –cada distrito elige diputados cada dos años, mientras que senadores elige cada seis-; y no hay otra razón, en el fondo, descontando el imperativo de presentar un candidato popular con quien se pueda urdir una ventajosa elección, que explique la presencia de nombres como Díaz Bancalari, Fellner (Eduardo), Obeid, Puiggrós, Rossi (Agustín) y Solá, cuyas trayectorias se miden a la altura de los más políticamente versados senadores.
Más allá de la equiparación de la elite de la cámara de diputados a la de la cámara de senadores, finalmente, el senador termina prevaleciendo, y quien hoy es diputado, se vale de su puesto para avenirse a un cargo ejecutivo o para acceder al Senado, que es, en nuestro sistema federal, el órgano que cumple el rol de representar y ejercer la voz y el voto de las provincias en la federación.
Marcos Papais
[1] Bertolozzi; Cabanchik; Colazo; Corregido; Del Valle Colombo de Acevedo; Fellner; Filmus; Gioja; Marín; Massoni; Morales; Negre de Alonso; Pampuro; Parrilli; Pichetto; Rached; Reutemann; Rodríguez Saá; Urquía; Viudes.

