Andiam. Incominciate!
Y un día, llegó la “Inauguration”… Ha transcurrido un año de aquella gélida jornada de los caucus en Iowa, cuando una bocanada del viento de las praderas hizo una y dio brío a ignotas fogatas tímidamente encendidas y desperdigadas por blogs y redes sociales. No en vano, el tiempo de espera se ha dado a la par de la diversidad de sueños y emociones que construyeron su espíritu y provocaron su indómita agitación. Al cabo, hoy se ha producido la puesta de imperial sobriedad que a aquella espera clausura y consagra en un corpóreo fin. De ninguna otra manera habría adquirido el acto significación de totalidad si no fuera por la magnificencia de las formas que los imperios conocen: la frugalidad de las trazas transmitiendo apertura, la firmeza de las columnas, la tersura de los estandartes y la sacralidad de las costumbres. Conceden valor, demuestran fortaleza, pero, en tanto, aleccionan que el más vasto poder es también el más limitado; que el hombre es hacedor de su momento sólo a partir de haberse postrado frente a la historia, de haber abrevado en el juramento sobre la Biblia de Lincoln, en el pastel de manzanas de Lincoln, y en los desfiles. Allí, donde Barack ha sido por una vez Adriano y Marco Aurelio, han debido templar las cuerdas que ensayarán de ahora en más la agraciada melodía. Carentes de frivolidades, tropicalismos y mesianismos, pues así se muestran los deseos cumplidos. Entonces, las esperanzas, que habían emergido de reprimidas pasiones, cedieron su lugar a la más razonable expectación. La obra está en marcha.
Marcos Papais



