CHARLES PRINCE y ANGELO MOZILO, dos protagonistas de la crisis financiera que tiene al mundo en ansiosa expectación. Son dos padres de familia, dos asalariados, dos hombres que viven el presente del “American Dream” perdiendo sus empleos. Son conscientes de la implosión de la época, mas nada temen. Grotescos, son los últimos compradores de la botella de Stevenson; gozosamente dispuestos a no poder deshacerse jamás de ella. El primero, ex CEO de Countrywide, el segundo, ex CEO de Citigroup, se vistieron con las ropas de Suharto, Mobutu y Trujillo anhelando embeberse del espíritu de sus parasitarios talentos, para no ser más que unos potenciados truhanes, de esos que hormiguean por los hipódromos prometiendo discernimiento y seguro triunfo a los despistados novatos en las apuestas. Son también, el instrumento de estructuras de conducción mal concebidas, opuestas a la sensatez, a la continuidad, a la responsabilidad. Mozilo y Prince, con obsecuencia, omitieron reconocer los problemas que habían ocasionado, y, con todo, cumplieron la máxima de socializar las pérdidas. La historia ya la conocemos: quiebras, despidos, salvavidas pagados por los carpinteros y plomeros, y premios, sí, premios, como Trujillo, Mobutu y Suharto, cuyas contribuciones a la humanidad deben ser impagables. Centenares de millones de dólares, para no ser menos en un encuentro con Baby Doc en algún café de la Côte d'Azur.

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